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miércoles, 29 de julio de 2015

La música detrás del silencio

En lo que va de este año había estado fuera de circulación. Pase por un intenso proceso que me desconectó de absolutamente todo, incluso de la música, simplemente no podía escucharla.
A mediados de febrero, cuando todo comenzó, por varios días sólo escuché el mantra de Tara Verde una y otra vez, después comencé con Sigur Ros y el “Onironauta” de Chio San, pero para  marzo y la mitad de abril permanecí en un silencio absoluto.

Para la segunda quincena de abril decidí despertar, ponerme en marcha y declararle la guerra a lo que me estaba sucediendo, para ello tuve el “Hymn to the Inmortal Wind” de Mono y el “Hardcore Will Never Die, But You Will” de Mogwai, los cuales se repitieron consecutivamente por más de 40 días.

La situación que estaba atravesando requería que pasara prácticamente todos los días entre  4 y 8 horas sentada en un reposet, eran momentos sumamente deprimentes y para acompañarlos estaba Elliot Smith y Efterklang. También hubo una canción de reggaeton que por alguna extraña razón siempre se sintonizaba en mis traslados, sin importar el medio en transporte, la oía al menos 4 veces a la semana, parecía estar musicalizando mi camino al infierno.

Fueron 4 meses en los que no escuché nada más que eso.

Poco a poco me fui abriendo a otras cosas y cuando la situación comenzó a mejorar me di cuenta de lo que me había perdido en este tiempo, lo que más lamenté fue no haber podido ir al concierto de Stars, que tanto había estado esperando, y cómo dicen mis amigos: #MientrasDormía me perdí de muchas cosas, incluyendo los shows Damien Rice, Magic Numbers, The Kooks, Cumbre Tajin y Bahidorá, a los que me habría encantado ir.

Mis amigos me han ido compartiendo las cosas que me pasaron de largo, ahora tengo un cuaderno lleno de discos, libros, película, series, exposiciones y nuevos proyectos que se estrenaron en este primer semestre, con los cuales debo ponerme al corriente.

En mayo por fin pude escuchar el primer disco de Trails and Ways: “Pathology” en el streaming de Hype Machine, después de tanto que lo había esperado, lo amé y no puedo esperar por verlos tocar de nuevo. De inmediato me puse al corriente con el “Kintsugi” de Death Cab for Cutie y “Sound & Color” de Alabama Shakes, los cuales me gustaron bastante, aunque me cuesta trabajo ser objetiva con los trabajos de DCFC, sé que no es el mejor, pero no por eso deja de gustarme.





Sin duda hasta ahora mi disco favorito del año es el “Payola” de Desaparecidos, poder escuchar de ellos después de tantos años fue un deleite para mi, ese lado oscuro de Conor Oberst tiene el poder de ponerme increíblemente feliz.


En cuanto a los pocos videos que he podido ver “Lilly” de Toro y Moi, “Ong Ong” de Blur y el “Stonemilker” de Bjork  me fascinaron, igual que la nueva canción de Beck “Dreams” que definitivamente es mi canción del verano.



En esos días también pude escuchar las probadas de lo nuevo de Robert Delong y Astro, aún no he podido repasar sus placas completas pero pronto me daré el tiempo para ello, de cualquier forma no puedo esperar por verlos tocar en el Hellow Festival, ya que el típico sonido de “Druidas” y   el espíritu ochentero de “Don’t Wait Up” me volaron la cabeza.



jueves, 22 de mayo de 2014

MonoMono

Siempre que me preguntan qué tal es Mono en vivo respondo "pues está bien" y no es por demeritarlos, simplemente es algo que se siente en el momento, no me provocan el mismo trance emocional que otras bandas del estilo, al contrario, me mantienen en un estado de tranquilidad y paz, nuevamente esa sensación de vaivén del agua.

En esta ocasión me sentí como gato fascinado con las luces, observando cómo cambiaban, iluminaban y acompañaban perfectamente la música consiguiendo que me sumergiera por completo en ese instante. Es la magia de una presentación en directo, son todos esos elementos que hacen que cada vez sea especial y no se pueden vivir de otra manera.

Los personajes que esta vez destacaron en mi experiencia fueron una chica frente a mí que se estremecía como sí escuchara su banda favorita de metal, sin importar lo que en ese momento estuvieran tocando; y un chico que "parecía" muy fan porque acompañaba las notas del concierto con su mano en el aire cual director de orquesta (aunque sabemos que no lo hacía de manera correcta) como sea ambos disfrutaban muy a su manera lo que estaba sucediendo.

Es un gusto compartir la música con gente que la disfruta y la valora, creo que a pesar de todo, si tuviera oportunidad de volver a ver a Mono lo haría de nuevo.


lunes, 29 de abril de 2013

Sonidos Japoneses

No había tenido la oportunidad de ver a Mono en vivo, pero esta vez sí se me hizo, desde unos días antes estaba muy ansiosa por saber cómo iba a ser...

Tardaron un par canciones en agarrarme, al principio no sucedía nada, los escuchaba y me gustaba pero no más. Fue justo en la tercera canción cuando sucedió: como sí las ondas de sonido se transformarán en luz, la cual cayó como un rayo sobre mí e inundo mi cuerpo. A partir de entonces comencé a sentir la música, fue cómo introducirme en una película que en varias ocasiones me remontaba a un funeral, pero sin sentimiento de perdida ni dolor, simplemente esa sensación de solemnidad un tanto oscura (con lluvia, sombrillas negras y toda la cosa). Y entonces caí en un vaivén que sólo podría describir cómo movimiento de agua, la música me mecía de un lado a otro, incluso cuando la sala se llenaba de distorsión.

Creo que lo que más disfrute fueron los arpegios de guitarra combinados con la fuerza de la batería, y por si no fuera poco, incluso en algún momento sonó un bong que avisaba que en ese momento el espació era sólo de ellos.

Fue interesante cómo algunas personas se emocionaban al grado que sus cuerpos temblaban y si alguien hablaba o hacia ruido los mandaban callar, es de esas cosas que sólo me a tocado ver en conciertos de post rock, siempre fascinantes. Esta vez no lograron entrar en mi top de conciertos, sin embargo me gustó y valio mucho la pena.